Salimos a las diez de la mañana. El Niño Campeche metido en su rutina y apenas ha llegado. Fue a presentar la clase de postítulo con La pequeña alondra Rolle. Y Fabián lo pasa a buscar y suben al auto y, después, van de su hermana, Lorena, y la meten adentro y salen. Cruzan Pellegrini y, ahí, miren, el campo. Su campo. Los corrales derruidos que cortan, al costado, la continuidad entre la autopista y las siembras. Sol y un calor que se precipita en los espejitos. No entiendo dónde estoy, ni si es posible que haya pasado el tiempo, que Rio sea, desde ahora en más, un recuerdo y haya dejado de ser real. Y piensa, monótonamente, durante dos horas lo mismo, hasta que allá, adelante, turbio, Leones se levanta sobre la llanura y feliz y decepcionado, se dice que sí, que todo termina, como dice la canción.
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Habíamos cogido toda la tarde.
Por eso hay una foto de la luna.
Por eso el pelo está demasiado para atrás,
casi sin forma.
Habíamos cogido toda la tarde...
Hace 10 meses

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